De la Viscosa al Tencel: La Guía Definitiva de Tejidos Sostenibles (Modal y Lyocell)

Tabla de contenidos
- Primera Generación: La Viscosa (o Rayón)
- Segunda Generación: El Modal
- Tercera Generación: El Lyocell (y Tencel™)
- La opinión honesta: El precio de la perfección
- Fuentes y Bibliografía Consultada
Si alguna vez te has detenido a leer la pequeña etiqueta interior de una prenda, es muy probable que te hayas topado con nombres como Viscosa, Modal o Lyocell. Y es igual de probable que tu primera reacción haya sido de escepticismo: al no leer «algodón» o «lana», asumimos instintivamente que estamos ante un sintético más, un pariente lejano y barato del poliéster. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja y fascinante que esa simple dicotomía entre lo natural y lo plástico.
Para ser precisos, estamos ante tejidos semisintéticos. Esto quiere decir que tienen un origen orgánico —la pulpa de madera, igual que el papel de un libro— pero necesitan pasar por un proceso de alquimia industrial para convertirse en hilo. Son, en esencia, un híbrido que busca capturar lo mejor de dos mundos: la transpirabilidad de lo natural con la resistencia de la ingeniería moderna.
Pero no todas estas fibras son iguales; de hecho, su historia es una carrera tecnológica de casi un siglo que podemos dividir en tres claros capítulos.
Primera Generación: La Viscosa (o Rayón)
Todo comenzó a principios del siglo XX. La industria textil buscaba desesperadamente una «seda artificial», algo que brillara y tuviera caída pero que fuera accesible para el gran público. El resultado fue la Viscosa, una fibra bonita pero temperamental.
Si definimos qué es la tela viscosa, hablamos de un material de tacto sedoso que tiñe de maravilla, pero que nació con un defecto fatal: es débil. Si alguna vez has lavado una prenda con viscosa y ha salido encogida o deformada, has sido víctima de esta fragilidad estructural; es una fibra que pierde la mitad de su fuerza cuando se moja. Además, su producción original era un proceso químico sucio y contaminante difícil de justificar hoy en día.
Segunda Generación: El Modal
La industria sabía que necesitaba algo mejor para el día a día, y así, en la década de 1950, apareció la evolución necesaria. Utilizando casi exclusivamente madera de haya y refinando el baño químico, se consiguió por fin una fibra que no se deshacía ni se deformaba al lavarse.
El Modal trajo consigo una estabilidad dimensional muy superior y una suavidad extrema. Esto definió para qué sirve la tela modal: encontró su hueco indiscutible en el mercado de la ropa interior y los pijamas.Aunque el algodón sigue siendo el líder absoluto por volumen y costumbre, el Modal se posicionó como la opción preferente para quienes buscaban una suavidad extrema que la viscosa antigua no podía garantizar a largo plazo.
Tercera Generación: El Lyocell (y Tencel™)
La verdadera revolución llegó en los años 90. Aquí es donde la ingeniería alcanzó su cénit, resolviendo tanto el problema de la resistencia como el de la sostenibilidad. El gran salto del Lyocell no fue solo utilizar madera de eucalipto, sino cambiar radicalmente la química. Se sustituyeron los disolventes agresivos por un proceso de «circuito cerrado» que permite recuperar y reutilizar el 99% de los químicos y el agua.

Es en este punto donde surge la duda sobre qué es el tejido lyocell y su confusión habitual con el Tencel™. Químicamente son lo mismo, pero comercialmente no: Tencel™ es simplemente la marca registrada por Lenzing AG (el fabricante austriaco) que garantiza la trazabilidad sostenible, mientras que Lyocell es el nombre genérico de la fibra. En cualquier caso, el resultado técnico es superior a casi todo lo conocido: es más fuerte que la viscosa, absorbe la humedad mejor que el algodón y es naturalmente antibacteriana.
La opinión honesta: El precio de la perfección
Llegados a este punto, podría parecer que el Lyocell es el tejido definitivo. Sobre el papel, es una obra maestra de la ingeniería: limpio, resistente y eficiente gestionando el sudor (el lyocell es fresco por naturaleza). Si fuéramos máquinas sin sentimientos buscando el tejido definitivo, probablemente solo vestiríamos esto. Pero la ropa no es solo ingeniería, y aquí es donde surge mi conflicto personal con estas «superfibras».

El problema del Lyocell es, irónicamente, su perfección. Al ser creado en un laboratorio, el hilo resultante es un tubo liso, homogéneo y sin defectos. Cuando te pones una camisa de algodón Oxford o unos pantalones de lino, la tela tiene textura, tiene irregularidades… tiene vida. Con el uso, el algodón se desgasta, coge forma y envejece contigo, adquiriendo esa pátina que solo da el tiempo.
El Lyocell y el Modal, en cambio, son fríos. Tienen una perfección casi clínica. Una prenda de este material estará visualmente igual hoy que dentro de cinco años: el color no cambia, la fibra no se desgasta. Para un auditor de calidad eso puede ser un sueño, pero para alguien que ama el estilo, es una prenda sin alma. Se sienten «técnicos», no orgánicos. Les falta ese carácter rústico y humano de la fibra que ha crecido en el campo. Son tejidos que a veces resultan resbaladizos, demasiado fluidos, carentes del «cuerpo» y la estructura que hace que una prenda arme bien la silueta.

Por eso, mi veredicto final es una cuestión de función contra emoción. Si buscas confort para lo invisible —ropa interior, pijamas o deporte—, el Modal y el Lyocell son una inversión fantástica; ahí la tecnología se agradece. Pero para lo visible, para esa camisa o esos pantalones que deben tener carácter, tal vez no sea lo ideal. A veces, la perfección técnica es estéticamente aburrida, y un poco de imperfección es lo que nos hace humanos.
Fuentes y Bibliografía Consultada
Para la elaboración de este análisis se han contrastado datos de las siguientes fuentes de la industria textil y sartorial:
Permanent Style: The Guide to Summer Fabrics
Lenzing AG: Sustainability Report 2023: Linear to Circular.
Textile Exchange: Materials Market Report 2024 (formerly Preferred Fiber & Materials Market Report).
